
Barack Obama prometió ser un presidente que gobernará para todos los estadounidenses, incluso quienes votaron en su contra, y pidió paciencia para atender los problemas bélicos y financieros del país, a los que consideró los mayores desafíos en una generación.
El primer negro que gana unas elecciones presidenciales en Estados Unidos consideró que su triunfo marcó un momento definitorio en la historia de 232 años del país como nación independiente, y representó una respuesta al cinismo, el miedo y las dudas.
En el acto en el que se declaró victorioso, Obama habló frente a una multitud multirracial de más de 240.000 personas, muchas de las cuales lloraron mientras el mandatario electo hablaba, flanqueado por cristales transparentes y blindados.
Obama apareció en el escenario con su esposa Michelle y con sus hijas Malia, de 10 años, y Sasha, de 7, quienes forman la primera familia negra que ocupa la Casa Blanca. Todos los integrantes de la familia estaban vestidos de blanco y rojo.
Prácticamente dos de cada tres hispanos (más del 60%) votaron por Obama, lo que representa un importante avance frente al 53% que respaldó hace cuatro años al candidato demócrata John Kerry.
El 67% de votantes hispanos apoyó a Obama contra un 30% de McCain. Hace cuatro años, el presidente republicano George W. Bush, quien buscaba la reelección, obtuvo alrededor del 40% de las preferencias hispanas.
Uno de cada 10 votantes (o el 10%) en la jornada fue de origen hispano, lo cual hace un récord de participación en una elección presidencial para este grupo que conforma hasta un 15% _equivalente a 45 millones de personas_ de la población estadounidense.

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